Las secuelas tras cada proceso de tratamiento son:
Después de la operación:
Con frecuencia tras la cirugía se añade un tratamiento con
radioterapia para disminuir las posibilidades de que la enfermedad pueda
reaparecer en la zona de la intervención.
Como casi toda intervención quirúrgica, ésta también tendrá
sus consecuencias y efectos adversos. Al despertar de la anestesia, la paciente
sentirá dolor en la zona y tendrá que ir recuperándose poco a poco moviéndose
cuando el dolor sea más suave. Deberá mantenerse limpia la herida. Esto lo realizará
el personal sanitario mientras que no se hayan retirado los puntos, y una vez
que se haya hecho, la paciente deberá seguir siendo especialmente cuidadosa con
ese tema. Un punto importante para la recuperación total es el reinicio de la
actividad sexual, tema que será importante tratar con su ginecólogo.
Después de la quimioterapia :
En el organismo existen células sanas que,
normalmente, se multiplican a gran velocidad, que también se ven afectadas por
la quimioterapia. La destrucción de las mismas desencadena los efectos
secundarios más frecuentes.
Sin embargo, en muchas ocasiones, la paciente se siente
mejor una vez que inicia el tratamiento, ya que comienzan a disminuir los
síntomas que estaba causando el tumor.
No siempre aparecen efectos secundarios, pero que cuando es
así los más frecuentes son: náuseas y vómitos, alteraciones en la mucosa de la
boca, caida del cabello, alteraciones en la médula ósea.
Después de la
radioterapia:
Como el resto de tratamientos, la radioterapia también puede
producir efectos secundarios: cansancio, reacciones en la piel, molestias al
orinar, caída del cabello, diarrea o molestias ginecológicas.
El riesgo de reaparición de la enfermedad disminuye con el
paso del tiempo. Por ello, durante los dos o tres primeros años tras el
diagnóstico es aconsejable realizar revisiones cada tres o cuatro meses.
Durante los años cuarto y quinto, las revisiones pueden
espaciarse algo más y se realizan cada seis meses. A partir del quinto año, las
revisiones pueden hacerse anualmente.
Las pruebas que habitualmente se solicitan en las revisiones
periódicas, tras la realización de una exploración ginecológica minuciosa,
puede incluir cualquiera de estas pruebas:
Analítica
completa: se determinan parámetros que nos indican el funcionamiento del
hígado, del riñón y del resto de órganos.
Radiografía de
tórax: con ella se valora cómo están los pulmones.
Ecografía
abdominal: permite visualizar la existencia o no de lesiones en el hígado que
nos hagan sospechar una metástasis.
Es importante que refieras a tu médico, tanto en las
revisiones como en cualquier otro momento, no sólo cambios relacionados con los
tratamientos sino cualquier otro síntoma como pérdida de apetito o peso,
aparición de dolor, cansancio, etc. El médico valorará la necesidad de realizar
más pruebas.

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