sábado, 16 de marzo de 2013

Cáncer de cuello de útero: Secuelas



Las secuelas tras cada proceso de tratamiento son:
Después de  la operación:
Con frecuencia tras la cirugía se añade un tratamiento con radioterapia para disminuir las posibilidades de que la enfermedad pueda reaparecer en la zona de la intervención.
Como casi toda intervención quirúrgica, ésta también tendrá sus consecuencias y efectos adversos. Al despertar de la anestesia, la paciente sentirá dolor en la zona y tendrá que ir recuperándose poco a poco moviéndose cuando el dolor sea más suave. Deberá mantenerse limpia la herida. Esto lo realizará el personal sanitario mientras que no se hayan retirado los puntos, y una vez que se haya hecho, la paciente deberá seguir siendo especialmente cuidadosa con ese tema. Un punto importante para la recuperación total es el reinicio de la actividad sexual, tema que será importante tratar con su ginecólogo.
Después de la quimioterapia :
  En el organismo existen células sanas que, normalmente, se multiplican a gran velocidad, que también se ven afectadas por la quimioterapia. La destrucción de las mismas desencadena los efectos secundarios más frecuentes.
Sin embargo, en muchas ocasiones, la paciente se siente mejor una vez que inicia el tratamiento, ya que comienzan a disminuir los síntomas que estaba causando el tumor.
No siempre aparecen efectos secundarios, pero que cuando es así los más frecuentes son: náuseas y vómitos, alteraciones en la mucosa de la boca, caida del cabello, alteraciones en la médula ósea.
Después de  la radioterapia:
Como el resto de tratamientos, la radioterapia también puede producir efectos secundarios: cansancio, reacciones en la piel, molestias al orinar, caída del cabello, diarrea o molestias ginecológicas.

El riesgo de reaparición de la enfermedad disminuye con el paso del tiempo. Por ello, durante los dos o tres primeros años tras el diagnóstico es aconsejable realizar revisiones cada tres o cuatro meses.
Durante los años cuarto y quinto, las revisiones pueden espaciarse algo más y se realizan cada seis meses. A partir del quinto año, las revisiones pueden hacerse anualmente.

Las pruebas que habitualmente se solicitan en las revisiones periódicas, tras la realización de una exploración ginecológica minuciosa, puede incluir cualquiera de estas pruebas: 



    Analítica completa: se determinan parámetros que nos indican el funcionamiento del hígado, del riñón y del resto de órganos.
    Radiografía de tórax: con ella se valora cómo están los pulmones.
    Ecografía abdominal: permite visualizar la existencia o no de lesiones en el hígado que nos hagan sospechar una metástasis.

Es importante que refieras a tu médico, tanto en las revisiones como en cualquier otro momento, no sólo cambios relacionados con los tratamientos sino cualquier otro síntoma como pérdida de apetito o peso, aparición de dolor, cansancio, etc. El médico valorará la necesidad de realizar más pruebas.
 





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